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Agua que se pierde, vidas que se apagan. Tuberías rotas, calles afectadas, una población indiferente y autoridades indolentes.

Por Rafael Sanz

(CDP)

En San Francisco de Macorís, el agua corre… pero no siempre hacia los hogares. Corre por las calles, se estanca en las esquinas y se desliza por el asfalto sin rumbo ni propósito, mientras en muchos sectores esa misma agua que se desperdicia es esperada con ansiedad en cisternas vacías y tanques a medio llenar. Créanme que no se trata de un hecho aislado, sino de una escena repetida, persistente y cada vez más normalizada. En tal sentido, nos atrevemos a decir con claridad: no es una fuga, es una falla del sistema.

Son múltiples los hogares que reciben agua de manera intermitente; por otro lado, se observan calles donde el líquido fluye sin control durante días, incluso semanas, y meses. Esta realidad no solo evidencia problemas técnicos, sino una desconexión profunda entre la gestión del recurso y su verdadero valor. Cuando el agua se pierde sin respuesta, lo que está roto no es solo una tubería, es la estructura misma que debe garantizar el servicio.

En este contexto, el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) tiene una responsabilidad que no puede eludir. Garantizar el acceso eficiente de agua no es un proceso administrativo más, es una función esencial. Sin embargo, la permanencia de fugas visibles por largo tiempo en diferentes lugares del casco urbano de este municipio obliga a cuestionar: ¿Dónde está la respuesta oportuna? ¿Quién da seguimiento a estas pérdidas? ¿Por qué un recurso tan vital no se gestiona con la urgencia que merece? No se trata de señalar por señalar ni mucho menos de satanizar a INAPA, sino de recordar que la gestión del agua es, ante todo, una responsabilidad social.

Cada fuga tiene un costo que el ciudadano con poco conocimiento en la materia no alcanza a ver. El agua “potable” derramada representa un costo económico alto para el Estado (que somos todos). Todo dinero invertido en tratamiento y distribución que se desperdicia es presión adicional sobre un sistema ya vulnerable y, sobre todo, desigual. Porque, mientras el agua corre por las calles deteriorando el asfalto, hay hogares que la esperan. Y esa situación no debería ser aceptada bajo ninguna circunstancia.

Es sorprendente observar cómo las autoridades de Obras Públicas, el Ayuntamiento Municipal e INAPA permiten que se pavimenten calles sin antes corregir estos escapes. Parecería que la planificación interinstitucional no existiera en nuestro municipio.

En otro ángulo, se debe prestar atención a la rápida deforestación que ocurre en la Cordillera Septentrional, la cual continúa debilitando la capacidad hídrica natural del territorio para retener y regular el agua. Cada árbol talado representa menos infiltración, menos recarga de acuíferos y, en consecuencia, menos agua disponible para el consumo humano.

La pobre cultura de siembra e iniciativas de reforestación se queda en lo simbólico. Habrá que diseñar jornadas puntuales para concitar, impulsar y concienciar a sectores como las entidades educativas de nivel de pregrado y superior, los cuerpos de bomberos, policías y militares, en procura de planificar jornadas que verdaderamente funcionen y que generen un cambio definitivo.

El río Jaya, principal cuna de la migración de este pueblo, descuidado por todas las administraciones gubernamentales y municipales, ha ido muriendo como otros ríos de esta localidad. ¡Ay de las futuras generaciones!

El agua es el recurso más preciado por los seres vivos, y pensar que este escenario se complica cada día por la pobre visión y el descuido de quienes tienen la responsabilidad directa de asumir la dirección, administración y control de todo lo relacionado con este rubro.

Justo en este 2026, algunos países en la región de Oriente Próximo padecen de una gran escasez de agua, lo que los ha motivado a recurrir a plantas desalinizadoras para sostener la población y la producción agrícola. Estas soluciones, aunque un tanto efectivas, resultan extremadamente costosas y, sobre todo, reflejan un punto de quiebre, indicando que las fuentes naturales ya no son suficientes en esos lugares. En tal sentido, nos hacemos la pregunta: ¿Estamos caminando, poco a poco, hacia ese mismo escenario?

Las imágenes que acompañan este reportaje no exageran ni dramatizan, documentan. Son la evidencia de una realidad que ocurre a plena vista, sin necesidad de grandes investigaciones. Pero, más allá de lo que se muestra, podemos decir que se escapa la vida. El agua es el recurso natural más preciado que nos brinda la naturaleza. ¿Podemos vivir sin ella?

La respuesta es sencilla: sin agua, no hay vida.

Por otro lado, hay que reconocer que, cuando la ciudadanía deja de indignarse, de ejercer sus derechos y fundamentar sus deberes en temas tan sensibles como este, los políticos no sienten la presión de ejecutar acciones para las cuales nos representan, justo como ocurre en este municipio con los directivos de INAPA y el tema del agua.

Este es un problema que tiene solución, pero requiere voluntad y acción: intervención rápida ante fugas, mantenimiento preventivo real, sistemas de monitoreo eficientes, canales accesibles para reportes ciudadanos y transparencia en la gestión son pasos necesarios. Pero hay uno igual de importante: que la ciudadanía no normalice lo incorrecto, que observe, que cuestione y que exija, pero además que ayude con soluciones simples.

El agua no es solo un servicio. Es un derecho, un recurso estratégico y la base de la vida. Permitir su pérdida constante mientras su acceso es irregular no es simplemente una falla técnica, es una contradicción ética que nos involucra a todos.

En San Francisco de Macorís, el problema está a la vista. Debemos exigir que se atiendan estos males con urgencia para que la vida siga fluyendo y las futuras generaciones alcancen a disfrutar algo del preciado líquido; de lo contrario, no habrá oportunidades de vida para el futuro.

(Ver imágenes de lugares anexos).

C/. Emilio Prud’Homme con calle Juan Bidó, Hermanas Mirabal.

C/. Emilio Prud’Homme, conectando con el Ventura Grullón.

 

C/. Fabio Fiallo, esq. San Gerónimo, sector Los Grullones, primera etapa.

C/. Mario Valera, Ventura Grullón

Calle 27 febrero, esq. A, Sector 27 de Febrero. (La Javiela).

C/. Gastón F. Deligne, esq. Gregorio Rivas.

C/. Gastón F. Deligne.

C/. San Miguel, Espinola II.

C/. C, esq. Av. Libertad, ensanche Buena Vista.

C/. El Carmen, esq. Ing. Guzmán Abreu.

C/. Padre Billini, entre La Cruz y La Sánchez

C/. Pedro Henríquez Ureña, Los Maestros.

Sector San Martin de Porres

Papi Olivier, esq. Padre Brea

C/. Roberto Zeck, Pueblo Nuevo.

C/. Padre Billini, entre Sánchez y Cruz.

Fuente
Rafael Sanz

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