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A Roberto Florimón: Estar pensionado y cobrar sin trabajar es corrupción

Por Tony María
Empresario-Dirigente PRM/NY

No estoy acostumbrado a escribir en los chats y menos en los periódicos porque mi trabajo como empresario camionero me limita.

Pero ante la desvergüenza del señor Roberto Fleurimont, quien se llama o se hace llamar secretario general de la región Manhattan Sur, me hace recordar una reunión en la que fui invitado como parte de un proyecto para cambiar la dirección, que el desorden que existe hoy es fruto de que no se hizo en aquel momento lo que se debió hacer.

Pero para seguir con el relato de la región, del señor Fleurimon, entre él y otro supuesto “dirigente” no reunieron 15 personas. Pero como yo no guardo, tanto a él como a Trinidad se lo dije en su cara en el apartamento del más traidor de todos, un elemento llamado Tontón. Que de tonto no tiene nada.

Este señor Roberto Fleurimont pretende, con un libelo que sabemos no escribió, desacreditar la actual gestión consular en Nueva York, y ese interés nace de una práctica conocida: el olvido selectivo. Se omiten hechos, se borran responsabilidades y se pretende reescribir la historia para presentar una versión conveniente.

Quien hoy se presenta como fiscal moral de la diáspora olvida —o se le olvidó— su propio historial dentro del consulado: casi cinco años cobrando, estando pensionado, con presencia mínima y con resultados institucionales inexistentes. Es decir casi no iba a su trabajo.

Ese silencio sobre su trayectoria no es casual. Es la base sobre la cual intenta construir una narrativa que no resiste contraste con la realidad.

La crítica parte de una premisa falsa o mejor dicho mentira: que la actual gestión consular ha sido negativa para la comunidad dominicana en Nueva York. Sin embargo, los hechos verificables muestran exactamente lo contrario. La gestión actual ha transformado el servicio, ampliado la presencia institucional y modernizado la relación entre el Estado y la diáspora. Ignorar estos avances no es un error: es un resentimiento. Por no poder cobrar sin trabajar. Así si es bueno.

Resultados frente a teorías vacías

Mientras el crítico intenta presentar una imagen de caos, los hechos muestran una gestión activa, moderna y orientada al servicio.

Por primera vez, el consulado opera los siete días a la semana, garantizando atención continua a una comunidad que históricamente había sido obligada a adaptarse a horarios limitados. Este cambio reduce tiempos de espera, costos en pasajes, pérdidas de trabajo y facilita trámites urgentes y moderniza la institución.

La expansión territorial es otro logro que el artículo oculta deliberadamente. La apertura de la oficina del Bronx, la inauguración de la oficina de Brooklyn esta próxima semana y la proyección de la oficina de Manhattan, posiblemente en octubre, representan un avance sin precedentes. Tres oficinas nuevas en menos de un año no son promesas: son ejecución. Son presencia institucional donde vive la gente. Son servicio, no discurso. De un vago.

A esto se suma un programa educativo que ha marcado un antes y un después: el reconocimiento a estudiantes meritorios dominicanos sobresalientes, llevándolos a la República Dominicana para encuentros con universidades, instituciones y autoridades. Este programa fortalece el vínculo con la nación, proyecta una imagen distinta de la diáspora y crea oportunidades que antes no existían.

La diplomacia pública también ha dado un salto cualitativo. La iluminación de edificios emblemáticos de Nueva York con colores y símbolos dominicanos ha colocado la identidad nacional en el mapa visual de la ciudad. Esto no es propaganda: es posicionamiento cultural, visibilidad internacional y orgullo comunitario.

La diáspora vota con conciencia, no con clientelismo

El artículo pretende adjudicarse un peso político que nunca tuvo. La realidad es otra: la diáspora dominicana en Nueva York vota con conciencia, con criterio y con exigencia. Aquí no se gana pagando un salón de fiestas para reunirse a beber y comer. Aquí se gana con credibilidad, trabajo y coherencia.

 

Nueva York es una de las comunidades políticas más críticas y menos manipulables del sistema electoral dominicano. Los resultados electorales en esta ciudad no se explican por la influencia de un dirigente, sino por la capacidad de conectar con una diáspora informada, exigente y acostumbrada a evaluar gestiones por resultados, no por discursos.

El olvido y su historial

El crítico omite mencionar aspectos esenciales de su trayectoria. Durante años, su “oficina” real fue el Deportivo Dominicano, donde de lunes a viernes su función principal era empinar el codo. Los lunes, la resaca era la excusa perfecta para no presentarse. El consulado quedaba para después… o para nunca.

Las quejas por la revisión de poderes eran constantes. Su falta de pericia generaba errores básicos, devoluciones diarias y frustración entre los usuarios. El personal del consulado debía corregir lo que él no sabía hacer. Ese historial no es opinión: es memoria institucional.

Durante su tiempo como secretario general de una región, no organizó a nadie, no creció, no dejó estructura y nunca defendió a la base. Cuando la militancia reclamaba, su respuesta era siempre la misma: “Son enemigos del partido y del gobierno de Luis”. Ese fue su estilo: silenciar la crítica, no resolverla. Pero estaba cobrando a pesar de estar pensionado.

Por qué su relato se derrumba

Cuando alguien que nunca defendió a la base, nunca trabajó, nunca produjo resultados y nunca estuvo presente decide atacar una gestión que sí está trabajando siete días, abriendo oficinas y ejecutando programas reales, lo que habla no es la verdad: es el resentimiento. Su artículo no es una crítica: es un intento desesperado de ocultar su propio pasado.

La gestión consular actual ha demostrado resultados concretos, verificables y visibles.
Su intención de desacreditarla se sostiene sobre omisiones, distorsiones y un olvido que no resiste análisis.

Este artículo reconstruye los hechos, expone las contradicciones y devuelve la discusión al terreno donde debe estar: la realidad no la ficción interesada.

Lo que le sucedió a Roberto Fleurimont fue que creyó que estaba en la gestión pasada, donde se le permitió cobrar y siempre estar de vacaciones. Todos saben que Luis tiene amigos, pero no cómplices, y ese señor estaba cobrando, y eso es corrupción.

De ahí viene su aleteo como buitre, porque se le acabó la carroña. Jejeje…

 

 

Fuente
Tony María Empresario-Dirigente PRM/NY

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